Kill Siri!

“Está hablando con Siri”, me aclaró el malogrado compi, refiriéndose al omnímodo gerente que acababa de ignorarme con hosco gesto. Había mirado a los ojos al gerifalte, como hice en alguna otra ocasión con anterioridad y como haría en el futuro, comprobando cómo la capacidad de concentración del sujeto había sido mermada por la misma tecnología que, irónicamente, le sostenía al mando de la nube.

Que la tecnología reinará nuestro futuro es a la vez un axioma y un oxímoron, sustentados al unísono en una verdad y una mentira. Una verdad porque estamos y estaremos sujetos a su dominio creciente, de ahí que nuestros curricula deban adaptarse a su dulce tiranía. Y una mentira porque tras todo ese aparataje mora nuestra temblorosa y humana inteligencia.

Desengáñese: Matrix no va de un uprising orquestado por la inteligencia “artificial” con el fin de fagocitarse a la humanidad, sino de la caída de ese ángel que es el ser humano, asfixiado en sus propias contradicciones. ¿Qué es un androide sino un Doppelgänger concebido para perpetrar la tormentosa empresa de masacrarnos o atormentarnos? Criaturas frankensteinianas cuyo orgullo tórnase en maldición: ser superiores a sus padres. Edipos atormentados que huyen sólo para consumar su macabro destino.

No hay modo de huirnos.

A pesar de estos previos exabruptos filosóficos anti-SEO, valga esta primera entrada para describirme como profesional de las ventas y la consultoría digital. Pertenezco a una selecta casta de trabajadores dotados de una sólida formación humanista que centran sus quehaceres en las nuevas tecnologías del conocimiento y la información, con el propósito de desarrollar sus habilidades de comunicación, análisis y creatividad.

En una reciente entrevista, de hecho, me postulé como tal: un humanista convencido de la superioridad de la formación letrada para desarrollar dichos mesteres comerciales y de consultoría, ante lo que fui interpelado con un “explícame eso”. Mi respuesta fue torpemente ejecutada, así que para enmendarme, he aquí una telegráfica réplica:

Internet es un reino de palabras (cuyo lugarteniente es Google). Nuestros cerebros se cruzan mediante la empatía (¡CEOs del mundo, cuidaos de ser representados por las personas adecuadas!). La estética se alza sobre la ética (todo publicista sabe bien por qué). Las filosofías primeras son el origen de un producto exitoso (¿cómo si no aún se pavonea Apple con el donaire que confiere el prestigio?). Quien conoce la naturaleza humana es capaz de dominarla, ¿verdad, Sr. Zuckerberg?

Pues todo ello entraña el estudio profundo de las Humanidades. A heads-up destinado a aquellos que desmotivan, desconocen y desmienten el estudio del griego, el latín y la filosofía, ignorando que su honda comprensión conlleva necesariamente la excelencia en los principales campos no sólo del saber, sino también de la praxis. ¿Cuánto tiempo tuvo que pasar para que los insignes catedráticos de grados destinados al común de los mendrugos (verbigracia, Administración y dirección de empresas) incluyeran en sus itinerarios formativos el estudio de la Antropología, la Sociología o la Historia, entre otras abstractas y doctas ramas?

No lo dude: el siglo XXI requerirá de los servicios de humanistas extremadamente preparados, no en vano serán ellos los encargados de comprender las soterradas corrientes estéticas y de pensamiento que pululan por la red o la suburbanidad, lo mismo que convertirse en la imagen viviente de las marcas y en el enlace directo con los clientes, así como en los interpretadores del inabarcable corpus de lo escrito, dibujado e imaginado.

Convencer y fidelizar a un mercado de consumidores progresivamente consciente de sus derechos y posibilidades (y por ende, exigente), así como generar contenidos, obras, ideas o proyectos empresariales que impulsen la economía de la Cuarta Revolución Industrial, son los objetivos principales de los tecnohumanistas.

Mi objetivo con este nuevo espacio (que hará las veces de escaparate profesional) es simple: plasmar mi filosofía de trabajo, estrechar mi vínculo con los clientes y favorecer mi relación con los contratadores o headhunters. También habrá espacio para la reflexión, la crítica y la generación de contenidos relacionados con los Futures studies y la sci-fi, ambos elementos esenciales para ahondar en el intrincado tejido de nuestro tiempo.

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